Playa Negra

Una vez que salimos desde Cali, donde nos reencontramos con la kangú, empezamos nuestro viaje de vuelta a casa.

Luego de dormir en una estación de servicio en Colombia (si, dormimos en una estación de servicio en Colombia y no nos pasó nada!)  al día siguiente  salimos con rumbo a Ecuador con mate de por medio, pasamos por Unión, el pueblo de Jaime, pero ellos estaban trabajando, así que no pudimos saludarlos. Nos quedó pendiente un buen asado argentino, pero les dijimos que los esperábamos allá y además nosotros pensamos volver a Colombia a conocer lo que nos faltó.

Cruzamos la frontera  y decidimos seguir hasta las costas,  hacia Mompiche.

Manejamos por la Ruta del Sol y recorrimos unos cuantos km por le medio de la selva. Todo era verde, húmedo, vimos lagartos y un par de víboras, ni hablar de calor sofocante.

Las plantas era como se subían arriba de la ruta y creemos que si no pasaran autos por un mes, la ruta desaparecía debajo de toda esa vegetación.

Fue increíble ese camino, te sentís adentro de la selva y además vas casi solo, apenas cruzamos dos o tres autos.

 

Ese día paramos a dormir en un restaurante, donde nos dejaron estacionar afuera con los autos de la casa. La señora súper simpática, estuvo un buen rato hablando con nosotros sobre el viaje.

Al otro día por fin llegamos a Mompiche! Es un pueblito que me hizo acordar a la canción “Over the rainboor”, es más, lo definiría con esa canción.

Los lugares, el clima, la playa, el puerto, los puestos de artesanías, todo bien caribeño y muy lindo.

Compramos unas salchichas y nos comimos unos buenos panchos (extrañábamos los panchos de Cartagena).

Estuvimos como una hora pensando en que ir a Playa Negra, mientras más le preguntábamos a la gente del lugar, más lejos estábamos de decidirnos. Unos nos dijeron que dejáramos la kangú ahí y fuéramos caminando hasta la Playa, otro nos dijeron que dejemos la kangú y que vayamos en mototaxi, otros nos dijeron que vayamos en camioneta hasta allá, pero en ese caso había que dejarla estacionada al costado de la ruta y nadie nos dijo que era seguro. Al contrario nos dijeron que fuéramos con precaución, porque solían robar y que esa misma semana, habían bajado unos ladrones de una lancha con machetes y les habían robado todo a un grupo de chicas.

Como ya nos estábamos malhumorando por no saber que hacer, decidimos ir en camioneta y ver que onda. Cuando llegamos había dos autos que enseguida se fueron, al final dejamos la camioneta ahí y fuimos un rato.

Caminamos un km apróximadamente entre la selva hasta llegar a la playa. Nos pareció increíble. La arena es realmente negra, aunque caves, sigue siendo negra. De un lado está el mar y del otro lado está la selva.

Un lugar increíble donde nos hubiera gustado quedarnos a pasar el día, pero estábamos un poco nerviosos por lo que nos habían contado.

La arena era como un talco negro, suave, finita y bien negra.  Dejamos las cosas cerca de la salida, si veíamos una lancha o un barco pensábamos salir corriendo.

 

Después llegó mas gente y nos relajamos un poco, nos metimos al mar, sacamos algunas fotos y seguimos viaje.

Habíamos visto unos carteles de Isla Porteté, y como quedaba cerca, decidimos ir.

Nos llevaron el lancha hasta la isla, de una lado hay un brazo de mar, sin olas y con el agua verde oscuro y bien cristalina. Estaba bien fría, especial para nosotros que nos moríamos de calor.

Del otro lado es la playa con un buen oleaje, palmeras y arena blanca. No es el Caribe, pero se asemeja. Pasamos la tarde ahí y seguimos viaje cuando bajó el sol y estaba mas fresco.

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Algunos de los caminos por los que anduvimos en Ecuador

 

Manejamos hasta una ciudad donde compramos hamburguesas y salchipapas para comer y y conseguimos una estación de servicio para dormir. Hacía mucho calor, pero por suerte se largó a llover y la temperatura bajó un poco. Lo que no me gustó ni medio fueron los bichos horrendos y gigantes que volaban por ahí. Me daba pánico que se me enredaran en el pelo, así que cuando veía alguno volando cerca salía corriendo, y mas de una vez casi me estampo contra el suelo. Imaginensé correr en ojotas y con lluvia.

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Comiendo en un puesto callejero

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HORROR

Seguimos camino por las costas de Ecuador y aprovechamos para ir probando las cosas que todavía no habíamos probado!

Probamos por fin el coco, que como lo muestra la foto nos pareció riquiiiiisimo. Tan rico que lo tuvimos que tirar 😦

Cruzando ciudades tuvimos la suerte de probar el Pan de Bono, una exquisitez.

Los días siguientes fueron de mucha ruta, pasando por distintas ciudades y acercándonos a la frontera con Perú.

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