Mitad del Mundo!

Nuestro próximo destino fue la Laguna de Quillotoa, un lugar precioso. Es una laguna que se formó en el cráter un volcán apagado, la laguna tiene 7 colores distintos. Increíble.

Después de preguntar varias veces pudimos llegar al parque.

Primero la vimos desde arriba y después empezamos a bajar durante media hora, para estar bien cerca de la laguna. Nos avisaron que la bajada era fácil, pero que la subida era bastante difícil, aún teniendo buen estado físico.

De todas formas bajamos, una vez que estábamos ahí, no nos íbamos a perder el paseo!

La bajada vale totalmente la pena, aunque no bajamos al lado de la laguna porque ya estábamos cansados y además no habíamos llevado plata :S

Nos quedamos un rato sacando fotos y admirando el paisaje y cuando empezamos a subir nos enojamos y mucho!

La subida es muy difícil, tardás como dos horas en subir. El camino es empinado y había mucho sol, además estás en altura, así que cuesta y mucho.

Bueno, había gente que subía a caballo!!!! Pueden creer!? El pobre animal tenía que subir con una persona o dos arriba, esa subida que era casi imposible para nosotros. Los pobres animales nos podían ni respirar, hacían  diez pasos y paraban diez minutos. Por Dios, que bronca, todavía ahora me indigno cuando lo cuento!

Por supuesto que no pude con mi indignación y a más de uno le pregunté si no le daba vergüenza hacer eso con un pobre animal! O sea, que culpa tiene el animal! Si no podés subir, no bajes, hijo de puta! Jodete, deja la salud como la dejamos nosotros, que parábamos cada 20 pasos y descansamos 20 minutos y tardamos dos horas en subir.

Que gente de mierda, porquerías. La verdad que eso nos arruinó bastante el día. Encima, como frutilla del postre, en un momento veníamos subiendo y viene uno de estos intentos de persona con dos caballos y nos dice “Taxi! Taxi!”. Imagínense mi cara y mis ganas de empujarlo por el precipicio. Le dije “No son taxis señor, son caballos y no pienso usarlos” y saben que hizo? Empezó a ensillar los caballos,  o sea, no entendía nada. Pobres, tienen aserrín en la cabeza. Me dice “Uno o dos?” La piña que le hubiese pegado. “No señor, no entiende, lo que usted está haciendo explotación animal! No nos vamos a subir a unos pobres caballos!!” y se fue, seguro que no entendió lo que dije, porque se quedó mirando un rato y no contestó.

Dios, que bronca. Pobres animales. Cuando por fin llegamosa la cima, los dos re calientes y maldiciendo bastante, le fuimos a decir a la guía como era posible que hicieran eso con los animales y nos dijo que si, porque era una reserva comunitaria. Explicame que tiene que ver!!!  O sea,como es comunitario no importa que el caballo sufra, se descadere y suba 10 personas por día? Por lo visto no. Fuimos a pedir el libro de quejas y el ejemplar que estaba ahí pensaba que nos queríamos quejar porque el caballo no subía muy rápido. Pero por favor! Que poco cerebro!

Al final no nos quisieron dar el libro de quejas, se hacen los boludos, los que no te entienden. Que ganas de matarlos!

Nos fuimos a comer a la kangú indignadísimos y nos fuimos de ahí.

La verdad la belleza del lugar quedó arruinada por lo que tuvimos que ver.


 

Seguimos camino a Quito, es una ciudad enorme y llegamos a la tardecita. Encontramos unos shoppings enormes. Pero enormes de verdad. Mucho más grande que el Alto Palermo, así que fuimos a dar unas vueltas y nos tomamos terribles helados en Mac Donals.

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Con Ronald tomando un helado

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Un poco de choping

Cuando nos estábamos yendo preguntando por la Mitad del Mundo, nos explicaron y también nos dijeron de un hotel bien barato para dormir. Fuimos, tenía garaje y dormimos por el módico precio de 10 dólares los dos.

No era una belleza, pero estaba limpio, la cama era cómoda, tenía agua caliente y tenía wifi. Así que listo.

A la mañana siguiente salimos rumbo a la Catedral de Quito, la primer y única Catedral dondo nos cobraron entrada! Igual la pagamos porque me encanta conocer iglesias, para subir a ver los vitriales y los torres había que pagar de nuevo, y como buenos niños ratas, desistimos y nos fuimos.

No es que seamos tan ratas, es que no nos pareció que te cobren entrada, te cobren para subir a la torre, te pidan colaboración. Es una Iglesia! En fin. Después visitamos otra Iglesia y seguimos camino.

 

La próxima parada fue el Medio Mundo, donde sacamos muchas fotos típicas y paseamos  un buen rato. Probamos los helados de Salceso que a Rodrigo le encantaron y nos sellaron el pasaporte!

 

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La foto que se sacan todos, nosotros también la tenemos!

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Con el pasaporte sellado! Documentado que estuvimos en la Mitad del Mundo

Nos fuimos cerca del mediodía deliberando que hacer: si volvíamos por la Costa de Ecuador, si nos íbamos a Colombia pasar unos días, si íbamos solo a Ipiales y volvíamos, si volvíamos por las sierras de Ecuador y visitábamos lo que nos había faltado. En fin, después de dos horas decidimos irnos a Colombia. El camino fue un calvario para mi. Cruva, contracurva, subida, bajada, estaba muy descompuesta, ni siquiera podía pensar en comida. La verdad que la pasé mal.

Cruzamos a frontera casi de noche, después de hacer todos los trámites. En la entrada de Colombia, el chico que nos daba el permiso para el auto y nos preguntaba por nuestro viaje, nos tiró una idea: ir hasta Cali, tomarnos un avión hasta Cartagena y conocer el Caribe colombiano. Nos buscó hasta el precio de los pasajes, que dentro del país son relativamente baratos y nos dejó la idea en la cabeza.

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4º Frontera! 

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Pisando suelo colombiano por primera vez!

Lo que mas nos llamó la atención de Colombia fue la cantidad de gendarmes armados que están en las calles y en las rutas. Están listos para disparar en cualquier momento y cuando vos pasás te levantan el pulgar como diciendo que está todo bien.

Llegamos a Ipiales y después de preguntar en mil hoteles, por fin conseguimos uno. No tenía wifi, pero era barato y lindo. Desistimos de dormir en la kangú porque la ciudad no nos inspiraba mucha confianza y siempre, ante la duda, preferimos pagar unos pesos y dormir tranquilos.

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Nuestro hotel en Ipiales

Con un hambre bárbaro esta vez salimos temprano a buscar comida y encontramos una pizzería. Con las ganas que teníamos de comer pizza! Ni lo dudamos, compramos y enseguida estábamos comiendo en la pieza del hotel.

Dormimos de diez, a pesar del frío, teníamos muchas frazadas.

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