Quebrada de las Conchas, visita al mecánico y frontera con Bolivia

Quebrada de las Conchas y primer visita al mecánico.

Al final decidimos seguir camino hasta Cafayate, le mandamos un mensaje de agradecimiento a Alejandro por ofrecernos su casa y el nos deseo “viento en la espalda”

Después de refrescarnos un buen rato en el río seguimos por la ruta de las yungas. Es increíblemente hermoso, literalmente estás en el medio de la yungas. Todo es verde, húmedo, con pequeñas cascadas que caen entre la vegetación. Paramos varias veces a mirar el paisaje, sacar fotos y a tomar unos tereré. El calor no nos daba respiro.

El camino va dejando atrás las yungas y se va convirtiendo en montañas de verdes (con césped), es un paisaje digno de El Señor de los Anillos.

Pasamos por Los Molles y Tafi del Valle. No nos cansábamos de ver paisajes increíbles, y cuando digo increíbles es porque nunca creí que fueran a ser tan lindos.

Curvas, montañas, caballos, llamas, flores amarillas y blancas. Una belleza.

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Camino a Tafi del Valle

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Camino a Tafí del Valle

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Felices!

Pasamos por las ruinas de Quilmes a la tardecita y bajamos a conocerlas. Ya no había guías porque era tarde, pero pudimos sacar unas fotos y ver las construcciones.

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Ruinas de Quilmes

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Ruinas de Quilmes

Siguiendo camino encontramos a dos chicos haciendo dedo y así tuvimos a los primeros invitados a la kangu. La verdad es que fue bastante lío acomodar todo lo nuestro y las mochilas de ellos. Pero pudimos y fuimos charlando todo el camino hasta Cafayate.

Llegamos cerca de las 9 de la noche, así que buscamos un camping y nos fuimos a comer a la Casa de las Empanadas. Ya la conocíamos, nos encantan las empanadas, el lugar y los shows que hacen. Cantan samba, chacarera, folklore y este año además había una pareja bailando.

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Terribles empanadas

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A comerla! En la Casa de las Empanadas

Disfrutamos de la cena y nos fuimos a dormir al camping. Esa noche dormimos de diez porque no hacía tanto calor como la noche anterior.

Bien temprano a la mañana, acomodamos un poco la casa y salimos rumbo a Purmamarca. Pasamos por la Quebrada de la Cochas, que nos sorprendió una vez más (nosotros habíamos venido el verano anterior y lo habíamos echo en un tour), lo disfrutamos muchísimo más, ya que parábamos donde queríamos, sacábamos fotos, comimos las riquísimas torillas del norte, caminábamos y admirábamos el paisaje.

Tomamos unos mates en el anfiteatro, escuchamos a un hombre de ahí cantando y tocando la guitarra y sacamos fotos muy buenas haciéndonos los matrix.  Primero no nos salían pero un chico de ahí se apiadó de nosotros y nos enseñó.

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Manejando por la Quebrada de las Conchas

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Quebrada de las Conchas

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Felices!

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Matrix en el Anfiteatro

La última parada fue en la Garganta del Diablo y de ahí seguimos viaje hasta Purmamarca.

En ese viaje nos enteramos que fuimos tíos!! Rodrigo quedó en shok y no habló por varios kms.

Llegamos de nuevo de noche a Purmamarca (otra vez al revés de lo planeado) y encontramos un camping donde cocinamos unos capelitinis y comimos envueltos en una frasada. Hacía un frío que no se podía estar. Pasamos del calor sofocante al frio intenso en un día.

Durante ese trayecto pensamos que se nos había roto la compu pero fue solamente un susto y la kangu empezó a hacerse la mañosa y no arrancaba como antes y eso no fue solo un susto. Fue empeorando, así que al otro día decidimos buscar un mecánico.

Llegamos a Maimará y encontramos un mecánico que nos dijo que tenía que enchufar la kangu a la computadora. Como no podía hasta las 2 de la tarde, seguimos hasta Tilcara, bucamos otro mecánico que nos trató como el trate y salimos con mas mal humor que antes.

Compramos para comer, empujamos el auto de unas chicas que venían de Ecuador y se habían quedado sin batería, comimos al lado del famoso puente de Tilcara (estrenamos la cocina, porque con el frío y el viento no se podía comer afuera) y vuelta para Maimará. El mecánico la enchufó, salió un error en el arranque así que nos dijo que la lleváramos a las 6 de la tarde, porque estaba ocupado. Nos fuimos de nuevo, entramos a Maimará (no andaba ni el gato, está bien que nos guste estar tranquilos, pero tampoco para tanto), estuvimos en la plaza, después pasamos por el cementerio (parece morbo pero es muy llamativo, está sobre la montaña y esta lleno de flores y cosas de colores) y otra vez para el mecánico. Estuvimos hasta las 9 de la noche probando cosas, pero no. El veredicto final fue que tiene una falla en la computadora, no nos va a dejar a pata, pero la falla la va a seguir teniendo. Con el ánimo por el suelo, nos fuimos a comer a una estación de servicio. Hacía muchísimo frío, así que enseguida nos acostamos a dormir.

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Estrenando la cocina en Tilcara

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Calles de Maimará

 

Eterna frontera.

Lo que tiene de bueno estar viajando es que el mal humor se te pasa más rápido. Hoy cuando nos levantamos, salimos para La Quiaca y los paisajes maravillosos nos dejaron con la boca abierta. La verdad es que no se puede plasmar en una foto ni la mitad de lo lindo que es lo que uno está viendo.

Decidimos pasar rápido por el norte, porque además de haberlo recorrido el año pasado, queremos dejar algunas cosas para que el viaje de vuelta no se haga tan largo.

Pasamos por pueblitos en el medio de la nada, montones de llamas sueltas, caminando y corriendo libres y nos encantó.

Cerca de Tilcara y en esa zona, hay muchas llamas pero están atadas para que la gente pueda sacarse fotos. Las fotos te quedan hermosas pero las llamas me dan mucha lástima.

Así que me encantó verlas libres, quería bajarme de la kangu a tocarlas a todas. Son tan lindas y tan graciosas cuando corren.  Había por todos lados, al lado de la ruta y otras cruzando la ruta lo mas campantes.

Cerca del mediodía llegamos a la Quiaca, donde nadie te sabe explicar bien para donde es el cruce con Bolivia.

Cuando por fin lo encontramos, nadie te explica que es lo que tenés que hacer, ni que papeles llenar. Tenes que andar adivinando o preguntando hasta que alguien te diga bien.

La cuestión que sacamos número, dejamos nuestros datos y estábamos felices porque parecía que todo iba rápido, hasta que llegó la parte del auto y vimos que iba por el número 23. Nosotros teníamos el 75. Así que acá estamos, hace cuatro horas que estamos en la frontera sin poder pasar.  Hay miles de personas esperando, con bastante mal humor e indignación. Nadie te explica nada y la cola no avanza.

Lo único que esperamos es poder pasar hoy. Eterna la frontera.

 

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