Hola Bolivia!

Al final logramos pasar la frontera como a las 6 y media de la tarde, pero como en Bolivia es una hora menos al final llegamos a las 5 y media.

La frontera es un verdadero desastre. Andábamos como trompos dando vueltas, nadie te decía nada, ibas de acá te mandaban allá, todo el estrés que perdés en el viaje te o agarrás de nuevo en la frontera.

Primero todos estaban contentos pero tipo 4 ya los ánimos no eran los mismos. Conocimos una pareja con sus hijos que también estaban igual que nosotros, así que nos ayudábamos mutuamente y charlamos para hacer mas llevadera la espera. Jugamos al ludo,  tomamos un te, tuvimos que conseguir urgentemente la poliza del seguro, que la mandaron por fax y al final el que estaba en la frontera (que era bastante forro) no nos quiso firmar el pasaporte porque ya le había entregado el dni. Me re calenté.

Por fin fui a preguntarle a la gendarme si podía pasar (ya no me quería ni ver, le fui a preguntar 20 cosas) y nos dijo que si, así que corrimos hasta el auto antes de que se arrepientan (igual no corrimos mucho porque con esta altura a los tres pasos ya estamos agitados) y pasamos a Bolivia!!!

Le tocamos bocina a los del auto que todavía estaban esperando y nos fuimos chochos de la vida.  Villazón la verdad que es bastante feo. Yo diría como Once de Bs As, venden cosas muy baratas así que aprovechamos a compararnos una cámara porque la que nos vendieron antes de salir está fallada y saca fotos movidas al costado (No se imaginan mi calentura cuando bajé las fotos a la compu y me di cuenta).

Caminamos un poco (bastante poco) y salimos para Tupiza que era la primer ciudad en la que pensábamos dormir. Al final como veníamos haciendo desde que salimos, llegamos de noche.

Como no conocíamos empezamos a buscar un hostel donde dormir y después de recorrer unos diez, volvimos al primero donde después de hacernos los pobrecitos nos rebajaron 40 bolivianos.

Nos bañamos, pusimos a cargar celular, cámara y compu y salimos al centro. Ese día Tupiza estaba de fiesta, cantaban muchos grupos, había  muchísima gente en la calle, una cola de dos cuadras para entrar a la fiesta, vendían cosas por todos lados, un mundo de gente, música, humo y olor a comida.

Compramos unas salchipapas para empezar a probar la comida boliviana y como buenos niños ratas (la entrada a la fiesta costaba 50 bolivianos o sea mas o menos 100 pesos) nos fuimos a la esquina que estaba bien alta a mirar la fiesta.

Estuvimos un rato y nos fuimos a dormir por que no dábamos más, entre el viaje, la frontera y el otro viaje no alcanzamos a apoyar la cabeza en la almohada que ya estábamos durmiendo.

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La Kangú en Bolivia

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Y nosotros en Bolivia!

Al otro día nos levantamos temprano y decidimos ir a Potosí. En el camino nos cruzamos todo tipo de animales cruzando la ruta: llamas, cabras, cerdos, perros, chivos, ovejas, vacas, terneros, toros y hasta un gato. Lo más campantes como si estuvieran en el medio del campo, así que había ir despacio y con mucha atención en la ruta.

Como si eso fuera poco, había obreros arreglando las rutas, así que había una sola mano. Vos tenías que adivinar cuando pasar porque nadie te  hacía seña. Ni siquiera había señales de que hombres trabajando! Te los encontrabas a 20 metros de distancia.

Sacando esos porvenires, el camino era soñado, montañas enormes, curvas, sol. Llegamos a Potosí cerca del mediodía, ya de entrada nos dimos cuenta que el transito es un caos, ni hablar de las calles, que son mano y contramano, no hay carteles, no hay semáforos. Los colectivos andan locos y a todos les encanta la bocina. Rodrigo estaba bastante malhumorado, no sabíamos a donde ir, pero como preguntando se llega a Roma, nosotros llegamos a la plaza.

Hermosísima la plaza de Potosí, llena de flores y todavía adornada por Navidad.

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Catedral de Potosí

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Calles de Potosí

En frente vimos la Catedral y la casa de la Moneda. Después de buscar un lugar para dormir (era un garaje cerrado, tenías que tocar timbre para que te abran), salimos a comer y para seguir probando comidas nuevas comimos Silpancho, muy rico, abúndate y super barato (10 bolivianos).

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A comerla! Silpancho

Se largo a llover, así que nos fuimos hasta donde estaba la kangoneta y esperamos hasta que alguien se digne a abrirnos, entramos, acomodamos un poco y salimos para el centro.

Casi me muero cuando vi toda la plaza llena de luces de Navidad. Un sueño. Amo la Navidad y la plaza me encantó! Compramos una pizza, comimos ahí mientras escuchábamos a un grupo de tucumanos cantando en la plaza y veíamos a todas las parejas que se casaban. Había mas de diez parejas y nos dijeron que es costumbre que la gente se case los sábados y domingos de diciembre y enero.

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Armando la cama

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La plaza adornada

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Yo, chocha con los adornos de Navidad

Me olvidé de decir que hacía un frío intenso. Mucho mucho frío. Muchísimo. Yo estaba con tres buzos, bufanda y gorro y Rodrigo igual. Pero cuando nos acostamos en la kangoo era un hornito,  dormimos de diez.

Hoy a la mañana nos levantamos temprano y nos fuimos a conocer las minas del Cerro Rico de Potosí. Nos dieron toda la vestimenta, conocimos a un belga muy copado y a cuatro brasileros.

La excursión nos gustó mucho sacando la parte de que nos dolía mucho la cabeza y nos faltaba el aire por el altura (estábamos a casi 4000 msnm). La vista de la ciudad es espectacular y la historia de los mineros muy interesante y bastante indignante. Dejan la salud y la vida trabajando ahí y ganan 2 mangos. Creen en un dios que se llama el tío (impuesto por los españoles cuando los hacían trabajar como esclavos). Como los indígenas con sabían decir  la D en vez de Dios decían Ios y le quedó el tío. Es como un diablo, hay seis en total en las minas, los viernes les dejan ofrendas de cigarros, cocas y alcohol.

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Con la ciudad de fondo, a punto de entrar a las minas

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Las minas por dentro

Nos dijeron que con toda la plata que se extrajo de las minas se puede hacer un puente entre Bolivia y España y otro puente con la cantidad de gente que murió trabajando ahí.

La verdad que al principio me dio bastante miedo entrar (Miré hace poco los 33 de Atacama), pero una vez adentro ya estaba mas tranquila. Pobre la gente que trabaja ahí, nos dijeron que antes los indígenas estaban 6 meses sin salir de la mina. La verdad, impactante la historia.

Nosotros también le dejamos la ofrenda al tío y después nos volvimos para la ciudad.

El frío que hacía hoy a la tarde te calaba hasta los huesos. Nos metimos a comer en un lugar, comimos pollo, arroz, fideos, papas fritas y gaseosa por 13 bolivianos cada uno. Un regalo. De ahí decidimos ir hasta el Ojo del Inca, la verdad que la altura y el frió nos está haciendo bastante mal. Nos dolía mucho la cabeza, las piernas y nos agitábamos cada cinco pasos.

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Pollo a la broaster

Agarramos la kangoo que estaba descansando desde ayer y nos metimos en un caos de transito, donde había semáforos pero que no los tenías que respetar, que no sabías para donde ir, etc. Rodrigo se la pasó maldiciendo bastante y yo preguntando para donde ir. Todos te dicen ahciito noma, pero nosotros no enganchamos una.

Por fin, alguien nos guió y salimos a la ruta. El camino hasta el ojo del Inca que son 25 km es increíblemente lindo y ni hablar del Ojo del Inca.

Nosotros veníamos corriendo del frío y esto es una laguna termal en el medio de la montaña. Un regalo del cielo! Nos metimos ni bien llegamos hasta hace un rato, tomamos unos buenos mates y decidimos hacer noche acá.

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Atardecer en el Ojo del Inca

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Amaneciendo en el Ojo del Inca

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La kangú en el Ojo del Inca

Ahora está lloviendo y hay bastantes truenos y rayos, así que por hoy parece que no nos vamos a poder seguir metiendo. Estamos abajo del toldo, con un poco de frío, pero re felices, este lugar es una maravilla (aunque llueva).

Salida caótica de Potosi

Después de pasar un día hermoso en Ojo del Inca, volvimos a Potosí, para pasar por el cajero y cargar gasolina.

La entrada fue caótica, las calles tienen unas subidas terribles, una sola mano y son tan finitas que entra un solo auto. Ni hablar que no tienen dirección y tampoco semáforos. La verdad, nos quedamos bastante traumados con el tema del tráfico.

Después de caminar como 4 cuadras (una odisea estando a esta altura y con este frío) por fin conseguí un cajero. Cuando tuve que volver las cuatro cuadras se largó a llover y ahí empezó el calvario de la salida.

Llovía mucho, los autos estaban como locos, el gps que no andaba, nos quería hacer caer por un precipicio! Se nos apagó la kangoneta dos veces en ese caos automovilístico. Los colectivos tocaban bocina, la gente caminaba por la calle. Difícil describir semejante lío. Ni hablar cuando encaramos una calle que estaba empinada unos 70º y la kangoo se paró antes de llegar a la cima.

Imaginensé que para todo esto yo estaba llorando y Rodrigo bajó a todos los santos. Encima la calle terminaba en precipicio y la kangu se iba para atrás!  Nunca la pasé tan mal andando el auto.

Cuando salimos de ahí, gracias a las maniobras de mi piloto, estuvimos como una hora para salir de la ciudad. Preguntábamos a la gente que te decía “recto al fondo” “Toma la pasarela” “para atrás en la rotonda” (Aclaro que la rotonda en algunos casos eran cuatro gomas de auto apiladas), no entendíamos nada. Por fin, gracias a Dios! Logramos salir de ese caos, preparamos el mates y otra vez estábamos en la ruta.

Todo el estrés que nos generó salir de Potosí se nos pasó cuando empezamos a ver la belleza y los paisajes del camino. No se puede negar que Bolivia tiene unos caminos preciosos.

Salimos con destino a Uyuni, 200 km en los que no parábamos de admirar el paisaje, sacar fotos y ver llamas (otra vez cruzando la ruta lo más campantes).

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Banderita de Bolivia

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Camino a Uyuni

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Atardecer en la ruta

Cuando estábamos a 20 km de llegar (o sea en este momento), empezamos a ver muchas piedras sobre la ruta. Nos pareció muy raro ya que no podían caer de las montañas porque no había montañas. Resulta que a la vuelta de una curva nos encontramos con la ruta cortada.

Unos camioneros muy amables nos explicaron que había lío por las tierras y que habían cortado la ruta, que hasta dentro de una hora no se sabía que iba a pasar. Joya.

Así que acá estamos, hay una cola interminable de camiones y autos, nosotros nos vinimos atrás, porque nos dijeron que suele ponerse feo, revolear piedras, peleas, etc y nos quedamos quietitos esperando. Por lo menos tenemos una vista privilegiada y panorámica de la ciudad de Uyuni.

 

 

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  1. Roberto Bueno

    Muy lindo el relato chicos. Felicitaciones por la decisión de hacer el viaje. Muchas bendiciones y disfruten.

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  2. Belén Almada

    Que hermoso Chini, disfrutenlo mucho!!

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